
Cuentan en la blogósfera que la miopía de Joyce es a menudo citada como causa de su peculiar modo musical de describir el mundo. Parece que sus problemas de visión eran sorprendentes: poco después de conocer a Nora, cuando aún no le dedicaba una fidelidad absoluta, abordó a una señorita en una calle de Dublín. Tuvo la mala visión suficiente como para no percibir que la joven venía acompañada. Recibió un puñetazo que lo derribó, pero aún de este hecho desgraciado extrajo el escritor cierto provecho: quien lo ayudó a levantarse fue cierto judío dublinés famoso por las infidelidades de su esposa.
La figura de Leopold Bloom se formó instantáneamente en la cabeza de Joyce.
Al final de su vida, los problemas de visión, agravados por su afición al alcohol (otro dato: prefería el vino blanco, en particular ciertas variedades alemanas) lo condujeron a una casi completa ceguera.
Sobre su miopía en la web:
Dijo el diario español El PAIS: “Joyce miraba bajo sus narices y descubría una América. Joyce tenía la obsesión propia del miope por los detalles”
Dijo Stephen King: “ De Joyce se cuentan anécdotas buenísimas. La que me gusta más es que desde que le fallaba la vista escribía con ropa de lechero. Al parecer creía que esa ropa captaba la luz del sol y la reflejaba en la página”


