
Cuentan que esa tarde Pagani, miope viejo y de vidrio grueso, comenzó a bostezar desde temprano. La planilla excel lo tenía chato y el refriegue de los ojos no le daba resultado. En eso, dicen, que su mirada se perdió en la línea que divide su box del de Gastaldi, que los ojos -en punto fijo- apuntaron sin punto y que la línea – sin sus anteojos- dejó de delimitar el escritorio. Parece ser que fue allí donde las vio por primera vez.
“Son como esas gotitas que uno ve cuando tiene la vista cansada”, empezó Pagani. “Que aparecen a los costados cuando uno se quedó mirando un punto fijo un buen rato. Las ve, ¿no?”, continuó. “Son cientos, miles que no paran de marchar y cuanto más agudizo la vista más claro veo… son arañas diminutas, más bien un ejército de arañitas casi transparentes, encadenadas como una guirnalda sin fin colgadas de sabe Dios dónde…”.
Pagani se levanta, prepara más café y no deja de mirar a Gastaldi, como si Gastaldi estuviera loco por no ver nada a su alrededor. Entonces, le pregunta sobre las baldosas del baño de la casa de su niñez.
“Todos las hemos visto alguna vez…Recuerde por favor… ¿Nunca se quedó mirando fijo las baldosas o algún azulejo?"
“mmm…Quizás sí…”, contestó Gastaldi, hombre de nervio óptico sano.
“Haga memoria, Gastaldi, no hay mucho tiempo”, le dice Pagani mientras revuelve frenéticamente la taza semivacía.
“mmm…Quizás veía alguna cara rara o quizás un monstruo…pensar que ya casi no existen esos azulejos verdes…jajaja, ¿se acuerda?”
“No, Gastaldi, no. El asunto es otro. No hablo de eso. Son miles, ¿comprende? Se lo he explicado varias veces”.
“Stt..Bueno, Pagani, stt… no se da cuenta que estoy con esto…porque no prueba cerrar los ojos”, le sugiere.
“Eso funcionó la semana pasada, pero ellas ya se dieron cuenta”.
“¿Ellas?”
“Las arañas. Ya saben que yo sé de ellas y de su plan, ¿entiende? Y si esto sigue así usted también estará en graves problemas… todos lo estaremos”.
“¿Y por qué no prueba con las bolsitas de té? Quizás pueda combatirlas con eso…”
“Gastaldi… también probé y empezaron a darme puntadas…”
“¿Y ahora me quiere decir por qué aparecen todos los viernes a diez minutos de irnos?”, Gastaldi deja de tipear, se refriega los ojos y ve que un borroso Pagani lo mira fijo desde ocho lados.
“Por el
plan", contestó.