De los inconvenientes de ingresar a un cine cuando la película comenzó


Y no me refiero a Woody Allen y su obsesión por no perderse ni un segundo los créditos iniciales. Hará un tiempo tenía un bache en el centro y me metí en el cine Lorca. La película estaba anunciada para las 16. Eran las 16:01. (Detalle: este tipo de cines por lo general no tiene trailers, empieza la peli de una). Entré y de golpe: la oscuridad absoluta. La pupila, que segundos antes estaba bien chiquita por el sol, se agigantó. Detecté como “gallito ciego” la pared y empecé a avanzar. La pantalla no servía de linterna; era de esas películas bien oscuras de algún pueblo friolento de Europa. Di pasitos cortitos hasta que por fin creí que la vista se había adaptado a tal penumbra. Tanteé unas butacas (debe ser uno de los últimos cines que tiene este tipo de asientos) y cuando creí que ya había encontrado lugar, zas.
- Disculpé…es que no lo vi.
Casi me siento a upa de un gordinflón –que dos horas más tarde- visualicé. Y en eso pensé que bien me hubieran venido esos anteojos que llevaba el personaje miope de Hugh Grant en Notting Hill.

1 comentario:

Mensajero dijo...

jajajaj!
Puedo imaginar al afortunado gordito.